El relato de un país y los criterios de la empresa
(Netflix[1] y las transnacionales[2] nos narran la realidad)[3]
Las series han reconfigurado lo que antes llamábamos “el mundo del cine”. Han transformado las aspiraciones y muchos de los aspectos de la vida laboral de quienes trabajamos en la producción audiovisual. Un cambio de paradigma en las formas de concebir, producir y distribuir.
Muchas actrices y directores que han dedicado muchos años al teatro (más bien mal pagado) o al cine (medio a veces bien pagado) se han podido hacer, a través de las series, de un dinero. Han podido pagar deudas, comprar un carro, invertir en un negocio, ayudar a quienes los ayudaron, despreocuparse por un tiempo. Sobra decir, que me parece justo.
+
Las representaciones de la realidad no son inocentes, tienen una intención, obedecen a intereses, moldean (por decisión u omisión) una idea de vida. Repito lo que he dicho antes: el mundo, en gran medida, se nos revela a través de representaciones. Aprehendemos la realidad por medio de las traducciones que otros hacen de ella, pero a la vez, esas traducciones, resultado de la observación del mundo, generan nuevas maneras de entender la vida; es decir, pasan de ser efectos a ser causas. El cine y las series, son a la vez causa y efecto. Son producto de cómo pensamos, al tiempo que nos inducen a relatar, a vivir y a enfrentar la realidad bajo los esquemas que crean[5].
+
Hoy tenemos hambre de “realidad”. La proliferación de documentales, reality shows y ficciones inspiradas en hechos reales son prueba de ello. Esto no ha pasado desapercibido para los desarrolladores de las empresas que producen contenidos para verse en streaming. Dentro de las maneras de aproximarse a lo real, Netflix ha encontrado en la representación del pasado reciente de nuestro país (y de otros) una categoría a explotar, produciendo contenidos que mediante distintas estrategias construyen representaciones de la realidad.
Estas series contribuyen a dar forma al pasado, se vuelven parte de la construcción de esa entelequia llamada memoria colectiva. Generan narrativas sobre fenómenos complejos que siguen atravesando muchas vidas. Son mecanismos para construir lo que pasó, lo que pasa.
+
Una definición al vuelo: la Historia Oficial es una interpretación específica del pasado que pretende justificar al Estado o a la clase gobernante. Es una manera de determinar el presente a partir del pasado. Normalmente se presenta como unívoca y además cuenta con mayores posibilidades de difusión que las de cualquier otro relato.
+
Netflix es una empresa comercial y su objetivo, como el de cualquier empresa, es generar ganancias. Todas sus actividades, supongo, están supeditadas a ese parámetro.
+
¿A qué nos enfrentamos cuando estas empresas comerciales comienzan a generar relato sobre el pasado, es decir sobre el presente, de una sociedad? ¿Cambian las implicaciones cuando las series de televisión cuentan una historia de tronos, dragones y anillos, a cuando narran el pasado reciente de un país? ¿Qué repercusiones tiene que la construcción del relato de nuestro pasado pase por los parámetros de las empresas? ¿En verdad queremos contribuir a que se establezcan narrativas que estén supeditadas al rating (o como se le llame ahora)? ¿Qué tipo de mirada tienen interés en generar estas empresas? ¿Quién hace los estudios de mercado? ¿Y los famosos algoritmos? ¿Qué hacer cuando muchas artistas están trabajando en eso? ¿Se trata de desviar el curso del avión desde adentro? ¿Cómo era eso de que forma es fondo? ¿Y aquello de que el medio es el mensaje?
+
Una idea al vuelo: “El vuelo del águila” (la telenovela de Televisa sobre Porfirio Díaz) tenía implicaciones que eran problemáticas a muchos niveles. Claudio Lonmitz y otras personas hicieron cuestionamientos sobre las inconsistencias que tenía el despliegue de esa visión del pasado y los atolladeros en la manera de exponerla. ¿Qué idea de país buscaba imponer ese programa? ¿Qué ideas buscan imponer los programas de ahora?
Es un argumento común plantear “la calidad” de las series como manera de diferenciarlas de las antiguas telenovelas basadas en hechos reales, sin reparar en que el problema fundamental no es estético sino político.
+
¿Estamos dispuestos a contribuir a que la narrativa de nuestro pasado se construya bajo parámetros aceptables para estas empresas? ¿Es esta la forma que elegimos para tratar fenómenos complejos? ¿De verdad creemos que Netflix es la plataforma para generar la visión de país que queremos? ¿Nos olvidamos de que el fin último de las empresas comerciales es el rédito? ¿El Arte y los negocios se parecen tanto? ¿Es esto lo que queremos ofrecer?
+
No critico que muchas de las más interesantes artistas de nuestro país estén trabajando en este tipo de series, lo entiendo. Creo que el panorama si uno no lo ve desde el puente, es amenazador. Pero estoy convencido que no debemos dar por hecho que las cosas son así y que están bien. Al contrario, pienso que hay que continuar la reflexión sobre las representaciones que contribuimos a producir de tantas maneras como nos sea posible.
Pensar en nuestras utopías, fantasías, ilusiones, deseos, ideales, aspiraciones, ambiciones y anhelos. No olvidar que hasta donde sabemos, ésta es nuestra única vida.
Gabino Rodríguez
Última nota al pie[6].
[1] Digo Netflix como quien dice Kleenex.
[2] Trasnacional. adj. Sociedad mercantil o industrial cuyos intereses y actividades se hallan establecidos en muchos países.
[3] Nada es mio, todo es robado.
[5] Estamos hechos para el sueño, no tenemos órganos adecuados para la vida.
https://cinema23.com/wp-content/uploads/2018/12/016-Memorias-Gabino-Espan%CC%83ol-web.pdf
[6] Este artículo fue el detonante de estas reflexiones. No conozco el caso, pero la pura idea excita… https://elpais.com/cultura/2019/03/01/television/1551463847_511468.html