LA VIOLENCIA EN EL ARTE

Estas notas son la guía de mi intervención en el coloquio Articulaciones: derechos humanos en la cultura y las artes. Que se llevó a cabo en el MUAC entre el 25 y el 27 de junio. La mesa en la que participé junto a Helena Chavez Macgregor y el colectivo Geobrujas. Tuvo como tema la visibilización de la violencia y su relación con el arte. Ninguna idea es mía, todas son robadas. 

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Visibilizar la violencia es algo que no tiene un signo político claro. Puede ser de derechas o de izquierdas, emancipador o reaccionario.

Pasa algo muy parecido con la indignación.

Mientras que la adquisición o la ampliación de la dignidad es un proceso inherentemente emancipador, no pasa lo miso con la indignación que es más ambigua.

La dignidad se relaciona con que una persona sea merecedora, mientras la indignación tiene que ver con la perdida de la dignidad.

Hoy están igual de indignadas las personas del movimiento #conmishijosnotemetas que las mujeres argentinas del movimiento por los derechos reproductivos. Es decir, la indignación puede apuntar hacia direcciones opuestas.

Visibilizar la violencia es algo que tampoco tiene un signo político claro.

Lo mismo evidencian la violencia la serie El Chapo que las películas de Amat Escalante, que Walid Raad o Forensic Architecture, que el periódico Alarma o Al Jazeera.

Visibilizar la violencia no tiene un signo político claro per se.

Hay representaciones de la violencia que reafirman estructuras de poder y otras que buscan combatirlas.

Un proyecto artístico no puede pensar la exposición de la violencia como fin, sino como medio para crear un artefacto más complejo.

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El poder hegemónico se reservó durante mucho tiempo la capacidad de visibilizar la violencia que ejercía a manera de advertencia o amenaza.

De la quema de brujas en las plazas públicas a las cabezas expuestas en la alhóndiga de Granaditas, sobran ejemplos.

También ha habido violencias que intentan ocultarse, ya sea porque la persona o institución que la ejerce no está facultado para hacerlo o por que los motivos para infringirla no serían considerados legítimos por la sociedad, la nobleza o lo que aplique según sea el caso.

Ahora es “más” común que ésta sea ejercida ya no solo por un poder central sino por distintos actores. Y que su efectividad dependa de su capacidad de ser vista.

Cuando se cuelga a una persona de un puente la violencia se ejerce en dos direcciones: contra el cuerpo a quien va destinada en primera instancia, pero también contra los espectadores de esa violencia.

La violencia también surte efecto por contigüidad.

De los videos filtrados al blog del narco a las puesta en cámara de las decapitaciones del ISIS.

¿Cuál es el sentido de que las prácticas artísticas re evidencien una violencia que está hecha para ser vista?

¿Qué se quiere visibilizar exactamente y para qué se quiere hacerlo?

Pienso que desde la práctica artística no hace “tanta” falta visibilizar la violencia. Lo que nos hace falta es elaborarla una vez que ha sucedido.

Los medios de comunicación, el boca a boca y ahora las series de televisión, nos han impuesto un lenguaje para hablar de las cosas que no podemos entender: la plaza ¿qué es una plaza? ¿Cuántas plazas hay en el país? ¿cómo se dividen los territorios? ¿plaza es igual a municipio, población o ranchería? ¿el jefe de plaza de Morelia es superior inmediato del jefe de plaza de huandacareo? Nociones difusas que nos dan la impresión de asir un fenómeno que no estamos elaborando de manera correcta.

“No diferenciamos entre crimen organizado y organización del crimen.  El crimen organizado son tres chavos que se juntan para delinquir: uno echa aguas, mientras el otro quita los espejos de un carro y el tercero distrae al portero… eso ya es crimen organizado, es organizarse para cometer un delito.

Otra cosa es la organización del crimen que es una especie de gobierno a la sombra.. que controla y articula a los secuestradores a los asalta bancos etcetera. Mucho más fantasiosa que real, pero a la vez es la confusión de estas dos nociones la que da como resultado nuestra idea de cartel. La organización del mundo del delito.”

La dimensión imaginaria de la violencia crea un clima que nos impide pensar. Y la simple visbilización solo abona a la confusión.

Una parte del trabajo de ayudarnos a re elaborar la violencia corresponde a los sociólogos y a los periodistas… pero otra parte nos corresponde a los artistas. Pienso que las prácticas artísticas pueden jugar un papel importante en relaborar la violencia en el espacio público.

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Una de las consecuencias de la violencia es que provoca un vaciamiento del futuro, le quita consistencia y solidez.

La violencia sistemática crea una sensación de presente frágil, un equilibrio precario desde el que se dificulta proyectar una imagen de futuro.

Las prácticas artísticas al ayudarnos a articular una experiencia de presente… reactualizan la esperanza y ayudan a dar consistencia al futuro.

Nos pueden dar cierta confianza en lo humano.

Gabino Rodríguez

 

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