La velocidad del zoom del horizonte vista desde el trono

Me voy enterando de que mi compañero y amigo Mario Oliver, tiene un blog de crítica teatral que se titula “Desde el trono”. Me propuse a escribir sobre él por el desconcierto que me causó su texto a propósito de La velocidad del zoom del horizonte, proyecto que comandan David Gaitán y Martín Acosta.

Leyendo el blog, percibo en varios de sus escritos una manera de ejercer la crítica, en la que el que escribe se sienta en su acolchada butaca y mira la escena desde las alturas. Aprueba o desaprueba, no busca un diálogo con los creadores ni con los espectadores. Palomea o tacha… desde su trono.

Ahora bien, me gustaría ir por partes en su reseña de La velocidad del zoom del horizonte que fue la que me causó sonrojo. (http://desdeeltronox.blogspot.mx/2013/08/la-velocidad-del-zoom-del-horizonte.html)

Mario comienza anunciándonos que su carrera tuvo un antes y un después,
#porsiandabanconelpendiente:

«…y se determinó cuando empecé a estudiar al Teatro como una ciencia NO exacta.» 

A partir de lo cual podemos inferir que antes de semejante y tan determinante punto de inflexión, Mario estudiaba el teatro como una ciencia exacta. ¿Qué nos quiere decir con eso? ¿Es una metáfora? ¿Tenía un método? ¿Qué entiende por ciencia exacta? O mejor aún ¿Qué entiende por ciencia? Pero no conforme con dejarnos con la duda, a continuación nos somete a una tortuosa confusión, donde deja claro que la crítica no es para él un ejercicio de reflexión que se comparte, sino una manera de mostrarse a sí mismo:

 «…Comprendí que el TONO (el TODO), es una ecuación calculada en porcentajes de realidad y de ahí la posibilidad de entonar lo REAL, frente a lo NO REAL y viceversa; luego entonces, soy de los que investiga al Teatro como una CIENCIA NO exacta que representa FICCIÓN.» 

#échenseesetrompoalauña.

Nuestro querido crítico en ciernes prosigue descalificando la dramaturgia de un plumazo, comparándola con la producción holywoodense que se ve los domingos, no cree necesario profundizar y se deshace del tema diciéndonos:

«…donde la peripecia (acción), es lo más importante, frente a una reflexión filosófica, ética, moral y psicológica.» 

En mi opinión la obra de David Gaitán muy poco tiene que ver con el estilo de las “películas domingueras de Hollywood” y creo que la acción está al servicio de una serie de ideas. Una cosa sería que, para alguien, no estén suficientemente claras o expuestas de manera contundente, y otra es descalificar en dos líneas un trabajo. A mi parecer el texto reabre una beta poco explorada en los escenarios, la del futuro frente a nosotros, el asumir lo imposible de representar y asumirlo como premisa en una ficción cerrada. La velocidad del zoom del horizonte, fue escrita para ese espacio y esas condiciones, es decir que desde el principio el dramaturgo sabía que iba a carecer de lo que las películas Holywoodenses tiene: ilusión, efectos, naves espaciales, sonido dolby surround etc.

Pero a continuación da un paso más lejos que nos deja boquiabiertos: descalifica la obra advirtiéndonos que no es tan buena como «Stalker» de Tarkovsky ni como «2001: odisea al espacio» de Kubrick…. Grita ¡Eureka! y sale corriendo desnudo de la bañera. Yo aportaría, en aras de seguir su línea argumental, que “La velocidad del zoom del horizonte” está por debajo de La guerra de los mundos de H.G Wells, de Traición de Pinter y de los frijoles que hace mi abuelita.

#yaentradosengastos

Líneas abajo, pero sin perder altura en su trono, nos dice que el teatro es en esencia:

 «… un transportador de tiempo y espacio en cualquier estructura tonal» 

Dicho lo cual nosotros deberíamos, supongo, creerle. Pero resulta que el teatro no es en esencia eso. Me parece que en gran medida los últimos, muchos, años del teatro se han tratado de lo contrario: de reivindicar el espacio/tiempo concreto y compartido que propicia la escena. El teatro no es eso o no es sólo eso.

Después habla de una “tautología”, que no me queda muy clara y de ahí procede a aventar unas cuantas alabanzas al director:

«Con gran maestría, precisión, ciencia y creatividad, Martín Acosta, dirige a 7 actores en un espacio minimalista, creando a la perfección el mundo neurótico y claustrofóbico».

 ¿Ciencia? ¿Exacta o inexacta? Otra vez caemos ante adjetivos usados sin rigor, cuya función está más en validar, o descalificar, que en comunicar. Mario, desde su trono, le pone una estrellita en la frente a Martín Acosta.

Saltamos al siguiente párrafo donde reflexiona sobre los actores:

«… entre los que se destacan en presencia, por experiencia en las tablas: Úrsula Pruneda, con una actuación sutilmente inteligente y Tomás Rojas, emotivamente preciso.»

Con eso le basta, a ésta «crítica especializada de artes escénicas» para dar cuenta del trabajo de los actores. Y sí, queridos lectores, me temo que escucharon bien: «una actuación ¡SUTILMENTE INTELIGENTE!».

#aquíplaticandoconunasalumnasdelaenat

Y para cerrar con broche de oro y capirucho doble nos regala este garbanzo de a libra:

«La Velocidad del ZOOM del horizonte, más que ser una propuesta para adultos, encontrará en el público joven una gran aceptación, que agradecerá de corazón». (…)

#discotecaytardeada

No comparto las opiniones de Mario, pero sobre todo me llama la atención, el lugar desde el que expone sus ideas, su incapacidad (siendo indudablemente un profesional con una amplísima trayectoria) de profundizar en lo que sucede frente a sus ojos. A mi me queda la sensación de que éste es uno de los proyectos más afortunados de Martín en los últimos años, uno de los más maduros.  Creo que hay mucho que decir sobre éste trabajo, podrán ser cosas a favor o cosas en contra, certezas o preguntas. Pero pienso que abre la posibilidad a discutir sobre nuestra manera de generar proyectos, de exhibirlos, de financiarlos, sobre la posibilidad o imposibilidad de desarrollar estéticas a largo plazo, sobre cómo trabajan los actores en nuestro país, sobre los temas y estilos más recurrentes en los escenarios en los últimos años y un largo etcétera.

Es claro que gente como David y Martín poseen la suficiente experiencia y temple para saber lo que hacen en escena, pero cuando éste tipo de críticas son dirigidas a personas con menos experiencia y que atraviesan momentos más vulnerables en sus carreras pueden llegar a ser muy dañinas.

La crítica puede ser un ejercicio de generosidad. Es dedicar tiempo y espacio a pensar el trabajo de alguien más. En el mejor de los casos, puede aportar perspectivas de lectura a los espectadores, y a los creadores: el privilegio de conocer una versión articulada de cómo su trabajo es percibido.
Me parece que ningún trono es buen lugar para ejercerla.

Abrazos muchos.


Gabino Rodríguez.

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