Tú y las nubes

El día 3 de junio del año en curso, tomamos el vuelo 355 de Delta Airlines en el aeropuerto internacional de Atlanta, Georgia; con rumbo al aeropuerto internacional de la Ciudad de México, Benito Juárez.

Era un viaje curioso, habíamos amanecido en Madrid y de ahí habíamos llegado a Atlanta, uno de los aeropuertos más grandes del mundo, y de ahí enfilaríamos rumbo a la Ciudad de México. Yo sigo sin entender la lógica de las aerolíneas (y de casi todo lo demás) ¿por qué es más barato viajar recorriendo más distancia? ¿Por qué es más barato gastar más gasolina? ¿Por qué es más barato subir hasta Atlanta y luego bajar a México que ir directo? Este aeropuerto parece un aeropuerto, como casi todos los demás. Un aeropuerto debería, por ley, tener jardines interiores con mesas y hamacas.

Nos acercamos a la puerta A34 para abordar.

Por lo general, una vez que un avión rebasa los diez mil pies de altura, el piloto se guía por una serie de instrumentos para manejar el avión. La vista directa al exterior deja de ser primordial y el radar de posicionamiento aéreo RAP (por sus siglas en inglés) es el medio, primordial, mediante el que el piloto maneja.

El vuelo 355 despegó a las 16:25, rebasó los diez mil pies y el anuncio que restringe el uso de aparatos electrónicos a bordo fue desactivado. Nosotros seguimos con nuestras actividades algunos leyendo, otros durmiendo. Nos informaron que el avión contaba con el servicio de wifi por una módica cantidad. Me puso triste la noticia.

A las 18:03, el piloto nos informó por los altavoces que las nubes se estaban cerrando demasiado, que él se estaba orientando por el RAP, nos comunicó que no podía ver nada, que todo afuera eran nubes.

Al principio no lo creímos, pero poco a poco la gran mayoría de los pasajeros nos levantamos de nuestros asientos y nos asomamos a las ventanillas y nos dimos cuenta que efectivamente, estábamos en medio de las nubes. Estábamos volando entre las nubes. Nos hicimos conscientes del milagro, 120 personas estábamos cruzando el cielo. Algunos comenzaron a llorar, nos abrazamos a los desconocidos, una señora se puso a rezar,  algunos tomamos fotos, la mayoría veía las nubes con lágrimas en los ojos y la boca abierta, se oían risas.

Después de un largo rato, el piloto nos informó que lo peor había pasado y que estábamos por iniciar el descenso. Todos regresamos a nuestros lugares, nos pusimos a hojear revistas y no volvimos a hablar de lo que habíamos visto..

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