Un aeropuerto lleno de fantasmas
Para Juan (el otro)
Bar Espartacus 3/6/2022
El cuarto oscuro no está oscuro. Es una penumbra en la que a la distancia se distinguen siluetas y a medio metro se pueden intuir rostros. Es mi primera vez aquí. Pasos inseguros y el corazón latiéndome muy fuerte.
Cuerpos que se cruzan, se juntan y se arremolinan alrededor de donde pasan cosas. Personas deambulando. Miradas llenas de algo.
A lo lejos, afuera, escucho la música y las voces, de cerca gemidos y roces. El aire se siente pesado, denso, casi vaporoso y ese olor.
Una mano me tomó del brazo y me jaló hacia la entrada, me dejé guiar. Salimos y me preguntó si estaba bien, me dijo: estás pálido parece que viste a un fantasma.
Así conocí a quien llamaré “Gustavo”.
Seki Sushi. Deportivo 18 de marzo 5/6/2022
Recogí a Gustavo en la lateral de insurgentes. Gorra verde y camisa roja. El día que lo conocí, en el bar, me contó que era maestro de obras y que trabajó en la construcción del nuevo aeropuerto (AIFA), le pedí una entrevista. Y después de un “No, ¿cómo crees?” Aceptó y ahora estamos sentados en un restaurante a punto de iniciar.
¿Cómo estuvo la construcción del aeropuerto, qué de todo lo que dicen es cierto?
Pues la verdad es que no sé bien que digan. Pero fue algo muy cabrón.
Para que entiendas bien, primero te tengo que explicar cómo funcionan las obras de gobierno que les dan a los militares.
A ver, dentro de la milicia hay quienes estudian para doctores o para abogados o para veterinarios.
A los que estudian para ingenieros se les llama “ingenieros constructores” y son lo mismo que los ingenieros civiles, pero militares. Y a estos ingenieros según su grado: coronel, general, soldado; les dan distintas responsabilidades. Todo el proyecto del aeropuerto de Santa Lucía se lo dieron a un general, creo, brigadier o algo así. Él estaba al mando, de responsable de todo, Vallejo, creo.
¿Tú cómo llegaste a trabajar en el proyecto?
Yo llegué con los militares cuando comencé a trabajar como maestro de obras en una unidad militar que se hizo en Matamoros. Y de ese proyecto me fui haciendo de conectes dentro de la milicia y me fui brincando de una obra a otra, primero dentro de Tamaulipas, luego en Veracruz. En una obra en Orizaba yo conocí a una señora, civil, que era arquitecta y dicen que andaba comiéndose a un capitán. Entonces a ella le dieron facilidades de proponer a su gente de fuera. Ella fe la que me habló para venir a Santa Lucía y yo entré sin entrevistarme ni nada.
¿Qué hiciste en la construcción?
Yo soy maestro de obras. Como este era un proyecto tan grande, se dividió en “frentes”, y cada frente haz de cuenta que hacía una cosa. A mí me tocó estar en el frente 5 que era la torre de control y al final estuve en el frente 28 que era un hospital militar.
Porque dentro de ese campo militar donde se hizo el aeropuerto era como una pequeña ciudad donde había escuelas, casas, hospitales, comedores, auditorios y el aeropuerto.
Cuando empezamos el proyecto en ese campo ya había varias construcciones pero tuvieron que demoler muchas cosas, para que quedaran acorde con el proyecto del aeropuerto.
Mi jefe al que le decíamos “jefe Arturo” era un coronel que estaba a cargo de varios frentes.
Eramos muchos civiles porque ellos no alcanzan a ejecutar obras tan grandes. Dentro de la milicia ellos cuentan con mucha maquinaria pesada para la construcción y los que operan esa maquinaria son soldados. Pero la mano de obra son civiles. El jefe Arturo tenía a dos que le ayudaban, sus manos derechas, también militares: el “jefe Rafael” y uno muy serio que era el “jefe Larios”.
¿Así les decían, “jefe… tal”?
Sí como así les decíamos quien sabe por qué. Yo creo que para más fácil, porque no sabíamos bien sus grados.
Y entonces…
Pues el “jefe Larios” mandaba a varios ingenieros constructores y arquitectos. Cada ingeniero constructor se va haciendo de sus maestros de obra, que somos albañiles con mucha más experiencia y nosotros controlamos a todos los demás albañiles. En un mismo frente habíamos como 10 maestros de obras que teníamos a nuestro cargo, por así decir a 25 albañiles cada uno.
Nosotros como maestros de obras llevamos adelante la construcción. Porque muchas veces los ingenieros constructores y civiles no saben. No tienen experiencia. Y nosotros sí.
¿Cómo era un día?
Todo el show empezaba desde la entrada, teníamos una credencial con como un código que nos permitía entrar a la obra. Había varias entradas y cada una pertenecía a diferentes frentes. Porque éramos más de 30 frentes y había una cantidad de gente muy grande. Teníamos que hacer fila para entrar, a veces se hacía mucha bola porque éramos muchas personas.
Yo a veces entraba en carro con un capitán porque nos llevábamos bien. Pero tenías que rodar a 20 km por hora porque es una zona militar. Todos los caminos eran de terracería. Y pasabas ahí por el hospital, la escuela. Y de ahí me iba hasta donde estaba la torre de control
Y neta no se cuantas veces nos perdimos allá adentro. Porque era pura tierra y no sabías donde andabas y movían material y camiones. Era muy confuso todo.
Ya que entrabas era normal como una obra. Con todo lo necesario, había un comedor por frente y los baños eran de esos azules de plástico. Eso normal.
¿Tú llegaste desde el principio?
Cuando yo llegué ya estaba la parte de los cimientos de la Torre de control. Pero iba tarde la obra, de eso sí me acuerdo. Y los estructuristas que estaban diseñando la torre de control, eran chavos ponle que tenía entre 27 y 30 años. Y me acuerdo que estaban teniendo conflictos por el armado, porque había unas partes donde por centímetros estaba más chaparra que del otro lado. Es de acero y el suministro de materiales estaba lento por lo del covid. Y mi jefe estaba muy presionado. Porque a él le decían: en dos semanas tienes que aventarte 10 metros más, por ejemplo. Y al general que era el jefe de toda la obra a él no le importaba razón o si había o no había gente o materiales o si se estaban muriendo de covid, eso sí lo vi mal. Sí o sí el avance se tenía que ver reflejado. Yo me acuerdo de ver que de madrugada seguían trabajando los herreros subiendo con grúas los perfiles de acero.
No se si viste una cosa en la prensa que decían que la torre estaba chueca. Y pues mucho de eso fue por la presión del tiempo y por las cosas tan apresuradas. Como se hicieron las cosas pues, ahí en Santa Lucía. Que a nadie le importaba más que llegar a tiempo, porque así son los militares: les cumples o les cumples.
¿Hubo problemas por eso?
Sí pero no me enteré bien. Algo pasó en algún momento porque a todos los jefes los mandaron llamar a declarar dentro del campo militar de la Ciudad de México. Dicen que eran unas audiencias interminables, porque algo pasó que los jefes militares estaban muy enojados por algo que había sucedido en la torre de control. No se qué pasó. Pero a un ingeniero, José creo, que estaba en la torre de control lo despidieron y lo corrieron de la obra. Pero por algo que hizo porque fue muy grave, porque hasta llegó un papel firmado por el secretario de la defensa y no me acuerdo la palabra que era pero ahí decía que el secretario lo vetaba al ingeniero José y yo nunca supe qué hizo.
¿Qué te impresionó?
Cuando a mi me mandaron a empezar el hospital militar. Lo primero que teníamos que hacer era pasar maquina para ir mejorando el nivel del suelo donde se iban a hacer las cimentaciones de cada edificio. Y es que es tan malo el terreno que teníamos que bajar 3, 4 o 5 metros del nivel del terreno y ya a esa profundidad mejorar el suelo, osea meter otro tipo de tierra porque estaba super aguado el suelo ahí. Entonces yo me acuerdo que si nos contaban que estaban saliendo mamuts pero no hicieron mucho ruido con ese tema. Solo me acuerdo que mi jefe, Larios, nos dijo que si llegábamos a encontrar algo así, le hablaremos en chinga, porque había personas del INAH, paleontólogos o algo así y de ellos había en todos los frentes y estaban supervisando por si hallaban huesos o vasijas. Y una vez por los walkie talkies que traíamos alguien dio aviso, con alguna clave, de que habían encontrado algo. Y fuimos a ver y vimos que al pasar una máquina para quitar de esa tierra fea que te digo que había que cambiar, pues ahí entre las capas de la tierra se veía algo raro. Y eran huesos de mamut. Apenas vimos fue cuando llegó la orden: tápenlo, pésenle las máquinas encima, pero en chinga.
Porque si llegaban los del INAH iban a para la obra para sacar los huesitos de uno por uno. Y taparon, parapetaron donde estaban los huesos de ese mamut.

Pero al otro día uno de los ingenieros que andaban en las terracerías se me acercó y me dijo que fuéramos y había como una rampa que habían hecho y ahí fue donde encontramos el mamut y nos metimos y así pisándole con el pie estuvimos sacando huesos de mamut. Y nos guardamos unos. Yo me llevé unos para dárselos a mi sobrina y sí me dio miedo, porque si nos cachaban los del INAH se iba a hacer un pedote. Me metí unos al chaleco y fuimonos.
Luego nos alejamos y ya vimos cómo entraron unos camiones de volteo y se llevaron toda esa tierra con el mamut directo al escombro.
¿Crees que se hayan perdido muchos huesos?
Yo te estoy hablando de que nosotros encontramos tres, uno si lo cacho el INAH. Pero en todos los frentes había mamuts. Los que reportaron fue porque los encontró el INAH.
Hasta vajillas y cosas de esas también se fueron al escombro.
¿Qué más te sorprendió?
También hay muchas historias del covid, porque a fin de cuentas eso se construyó en la pandemia, bueno al principio no teníamos ni vacunas. Osea no les importaba nada… ni el covid, ni el mamut. Se murió mucha gente. Había brotes cabrones en distintos frentes. Nos prohibían ver gente de otros frentes. Sí se empezaron a morir soldados, jefes militares y albañiles. Para ellos, para los militares, esa situación que estábamos pasando con el Covid era como ir a la guerra. Hacían siempre esa comparación, decían para nosotros es como estar en la guerra y para eso nos entrenan y hay quienes se mueren y quienes sobreviven y así es.
¿Ya fuiste ahora que está terminado?
No he ido.
¿No te da curiosidad ver cómo quedó?
Sí me da curiosidad pero más me da miedo. Ese lugar está lleno de fantasmas.
Aeropuerto internacional Felipe Ángeles 10/6/22
Llegué al aeropuerto después de manejar más de una hora. Me estacioné y entré a la terminal.
Era sábado por la mañana y se veía muy poco gente.
Había algunas tiendas abiertas en la planta baja. Un café, una farmacia, un sitio de taxis y poco más.
Me acerqué a los taxis y pregunté cuánto costaba un viaje a la colonia Narvarte. 850 pesos.
Subí al primer piso y me di cuenta que estaba completamente solo.
Había tres vuelos anunciados para ese día: uno on time, uno dealyed y el último cancelled.
Me sentía nervioso, había un aire raro. Di vueltas por ahí y tomé varias fotografías.
Salí con un sabor raro en la boca. Como metálico. Me subí al coche y maneje rumbo al museo del mamut que está a unos 4 o 5 kilómetros dentro de una zona militar. Hablar con soldados, intermitentes, 20 km por hora. El museo estaba lleno de gente.
Llegué a mi casa en la noche y descargué las fotos de la cámara a la computadora.
Me quedé helado al ver que en muchas de las fotos del primer piso aparecían figuras humanas.
Yo estoy seguro de que no había personas ahí.
Estaba solo.
Con fantasmas.
Lázaro G. Rodríguez



