¿Dónde están sus historias?

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La primera película de Nicolás Pereda se llama ¿Dónde están sus historias? Una pregunta que me parece provocadora, porque presupone que todos tenemos historias que nos pertenecen. Y pienso que sí, que hay historias que sentimos como propias, historias que nos constituyen y son nuestras, de nadie más. Pero me pregunto ¿De dónde vienen nuestras historias? ¿De lo que nos sucede, de lo que recordamos de lo que nos pasó? ¿Nuestras historias son lo que nos sucede o lo que recordamos que nos sucedió?
Dice Luis González de Alba en su columna de nexos (septiembre 2013) “Hace años la ciencia se plantea la siguiente pregunta: ¿Es posible crear falsas memorias? Y nos cuenta: Se experimentó con niños a los que se implantó una falsa memoria no dañina: el día que te cortaste y hubo que llevarte al hospital para ponerte un vendaje. El niño, dado que nunca se había cortado, no lo recordaba, luego un poco, al final le era totalmente claro y hasta podía describir el hospital.
En la revista “Science” del 25 de junio, Susumu Tonegawa, investigador del MIT, expone un estudio en el que ha logrado implantar falsas memorias en ratas: “Sea falsa o genuina una memoria, el mecanismo neuronal subyacente en el cerebro para recordarla es el mismo”.
Es decir que lo que hace “nuestras” a las historias no es el hecho de que nos hayan sucedido, sino la apropiación que hacemos de ellas.
Son construcciones, relatos que adoptamos o generamos para contarnos nuestras vidas y las de nuestros semejantes.
Lo interesante, a mi parecer, es cómo y bajo que parámetros estamos construyendo nuestros relatos, sobre que valores estamos viviendo nuestras vidas. Las redes sociales ejemplifican de manera muy clara la manera en la que nos contamos nuestras vidas, la forma en la que queremos que nuestras vidas sean percibidas por los demás. Definimos lo que somos, a partir de lo que mostramos a los demás, construimos relatos sobre lo que nuestras vidas son. Instagram, facebook, Twitter, funcionan como soportes para construir nuestra subjetividad: nuestras historias.
Cito libre y desordenadamente una serie de ideas de George Saunders:
“Imagine una fiesta. Los invitados van llegando, saludan a los anfitriones, se reúnen en pequeños grupos, que se van reconfigurando conforme la noche avanza, la mayoría de ellos hablan de asuntos que les interesan, corrigiendo o siendo corregidos por sus interlocutores, algunos expresan ciertas preocupaciones y con agradable sorpresa, se dan cuenta de que éstas son compartidas por otros que se han sentido igual.
Acto seguido un tipo entra a la fiesta con un megáfono. No es la persona más lista de la fiesta, ni la que tiene más experiencia, tampoco es la más elocuente. El tipo empieza a hablar de lo mucho que le gusta el amanecer en primavera y la gente se voltea y lo empieza a escuchar. Es difícil no hacerlo. Poco tiempo después, en sus pequeños grupos, quizá los invitados ya se encuentren hablando de los amaneceres primaverales, o tal vez sobre la validez de las ideas que el del megáfono tiene sobre los amaneceres primaverales. Algunos están de acuerdo con él, otros en desacuerdo, pero como el volumen es tan alto, sus conversaciones empezarán a reaccionar a lo que él dice..
Si él cambia de tema, ellos cambiarán también, si él utiliza una y otra vez la frase “a fin de cuentas” ellos la empezarán a utilizar también. Si él entreteje en su discurso que el sur de la habitación en la que sucede la fiesta, es preferible al norte, una lenta migración hacia el sur empezará a ocurrir.
Las reacciones que produce, no están condicionadas por su inteligencia, por su singular experiencia del mundo, por su poder de contemplación, o por su dominio del lenguaje, sino por el volumen y la omnipresencia de su voz mientras narra. Su principal característica es su predominio. Desplaza a las otras voces. Su retórica se vuelve la retórica principal por su mera inevitabilidad. Con el tiempo el tipo del megáfono arruinará la fiesta, los invitados dejarán de creer en su propio valor como invitados y pasarán a entender que su papel consiste en responder al del megáfono, dejarán de considerar legítimos sus intereses y preocupaciones. Dejarán de creer en la validez de sus propias impresiones. Lo que es importante para él acabará siendo importante para ellos.
Los medios masivos de comunicación actúan bajo esa lógica, es su volumen lo que les da poder. Pero además los medios tienen intereses propios y están condicionados por una circunstancia: los medios necesitan vender. Tienen compromisos que cumplir con sus anunciantes, son empresas que funcionan de la manera más previsible con respecto al capital.
Esta comunidad, la de los medios de comunicación, constituye una especie de clase dominante de facto, porque no podemos evitar oír lo que dice, y lo que oímos cambia nuestra forma de pensar. Como cualquier clase dominante, ésta menosprecia a aquellos a los que domina. El giro novedoso es que esta clase dominante domina a través de nuestros ojos y oídos. Llena el aire, y por lo tanto nuestras cabezas, con sus prioridades y sus pensamientos”.
El resultado es que de tanto escuchar a los medios hemos internalizado una estética, un ritmo, una lógica y un modelo de vida, que está firmemente anclado a la noción de mercado.
¿Cómo agrietar estás formas de concebir nuestras historias que se han vuelto omnipresentes?
Los medios masivos de comunicación proporcionan un simulacro del mundo sobre el cual construimos nuestras ideas sobre él. Pero, por suerte no son los únicos, hay otros simulacros que también nos ayudan a moldear nuestra percepción sobre el mundo. El teatro y el cine, por ejemplo.
No son, ni el teatro ni el cine, el espacio idóneo para replantear una lógica económica, pero si son un lugar privilegiado para generar otras interpretaciones del mundo. Para generar un espacio que no esté sujeto a las leyes del mercado. Un espacio que combata las nociones dominantes de lo que nuestra vida es.
Afirmar, como dice la multicitada frase neozapatista, que otro mundo es posible.

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Nuestras historias, son la causa de que vivamos como vivimos, gran parte de nuestra personalidad está formada en base a la imagen que tenemos de nosotros mismos en forma de relato. A lo largo de los años vamos asimilando relatos sobre nosotros mismos. Uno cree que es muy guapo y se comporta como tal, una cree que no es lo suficientemente inteligente y organiza su vida en base a esa convicción, otro por allá se cuenta a si mismo que es un gordito simpático y se ciñe a un molde de comportamiento… “El desarrollo de una forma de vida requiere el despliegue de una ficción. Y cuando digo ficción no hablo de una construcción separada: hablo de la continua fusión de la descripción de lo que hacemos con la proyección de lo que podríamos hacer si el mundo fuera de tal o cual manera.”
Nunca se insistirá demasiado, en que las representaciones del mundo, a la vez que parten de la realidad para su construcción, también construyen su realidad una vez que son lanzadas al mundo.
Es decir, que para crear una representación de mundo se parte de lo que se percibe en la realidad (en este momento la representación es “efecto” de lo que se percibe en el mundo), una vez que se esa representación se expone, es la realidad la que comienza a emular lo que percibe en la representación (en este momento la realidad funciona como “causa” de lo que la realidad será).
No se si es clara la idea, va un ejemplo…. Si bien James Dean tomó de la realidad los elementos para crear un personaje que representara cierta manera de vivir (la película fue “efecto” de la realidad), una vez que Rebelde sin causa salió al cine, miles de jóvenes empezaron a vivir de acuerdo con esa representación (la película se volvió “causa” de la realidad).
Lo interesante empieza en la medida, en la que concebimos que las cosas nunca son como son. Son como son para alguien. Son como son desde un cierto punto de vista. Solo el ojo de Dios, y el de sus impostores, las ve desde ningún lugar. Las metáforas nos dicen desde qué perspectiva ve las cosas, o quiere que las veamos, quien habla de ellas. El teatro (y el cine), que a mi me interesa, busca por un lado proponer un relato alternativo, distinto y “propio”. Y por otro lado busca salir de las necesidades del mercado.
Es muy importante la idea de funcionar fuera de las leyes del mercado, la búsqueda de beneficios es una retórica que hemos aceptado e internalizado, pero creo firmemente en que no es cierto que todas las actividades deban recaer en una lógica capitalista. Al poner al teatro en manos de entidades cuya prioridad es la utilidad, hacemos una peligrosa concesión, dejamos que nuestro discurso se someta a la ley de la oferta y la demanda, a la mano invisible del mercado.
Por una sencilla cuestión dramática (y pareciera que los humanos queremos ver drama en todo) Un discurso agresivo, polarizador, sensiblero y angustiante es “más interesante” que un ser humano inteligente y escéptico intentando hacerse una idea de un sistema complejo.
Pero esto no tendría porque ser así, no siempre así.
El teatro y el cine, que a mi me interesan, buscan crear “Ficciones entendidas como las imágenes y narrativas a través de las cuales cuestionamos los estereotipos que nos clavan en lo que hay y aprendemos de nuevo a ver. Si los estereotipos son imágenes obvias que lo dicen todo y donde no hay nada que añadir, las ficciones por el contrario requieren (necesitan y solicitan) nuestra implicación activa para encontrar usos y sentidos. Nos dan qué pensar y nos dejan espacio para ver. Son los encantamientos que nos liberan de los hechizos.”
Me interesa un teatro que hable directamente de lo real, en la medida en que pueda abonar a cambiar nuestra percepción.
Un teatro que combata ideas como la polarización izquierda/derecha como seña de identidad principal. Estar con unos o con otros, blancas o negras, seleccionar de la realidad lo que nos confirma o daña al contrario, desechar lo que nos contradice para “no hacer el caldo gordo a tal”, “ni dar razones a cual”, nada de eso permite pensar con autonomía, porque hay posiciones previas a las que nos tenemos que adscribir bajo pena de excomunión, porque nuestro marco de interpretación presupone lo que son las cosas en lugar de permitirnos escucharlas.
«Esto sería un desafío, en primer lugar, para nosotros mismos, en tanto que máquinas de repetición y autojustificación infinitas, educadas solo para ver lo que queremos ver».
«Es inevitable observar que en las artes estamos viviendo la transición de un régimen estético a un régimen práctico, en donde no se producen tanto obras, como comunidades experimentales, procesos abiertos y cooperativos, formas de vida y mundos comunes. Y el espectador deja de ser un desconocido silencioso para volverse un colaborador activo». Es en este marco en el que me parece que se pueden generar obras y reflexiones que nos ayuden a, como decía el pasado gobierno federal, “vivir mejor”.
«Es cierto que la escritura no podrá nunca sustituir a la acción, pero puede inspirarla, ayudarla y, sobre todo, narrarla, dándole así una consistencia mítica, o sea perdurable. Porque los gestos pesan, pero las historias quedan”.
Gabino Rodríguez
PD. Este texto fue escrito a propósito de una invitación que me extendió la Cátedra Ingmar Bergman de la UNAM y que se llevará a cabo en octubre de este año. Del texto anterior, nada es mío, todo es robado.