Carta Abierta a los miembros de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.

“Mi madre decía sin mayor emoción en su voz: Hazlo, pero no sufras demasiado. Si no lo haces tú alguien hará el trabajo por ti. Siempre existe alguien que nos hace sentir innecesarios.”

G. Fadanelli

Estimados miembros de la Academia,

Me permito compartir con ustedes una reflexión que surgió a partir de conocer las nominaciones de éste año al premio Ariel. Decidí dejar pasar la ceremonia de premiación, para no insertar la reflexión dentro de la coyuntura y plantearla como lo que es: una invitación a re pensar ciertos conceptos.

Como ustedes saben, la lista de nominados en la categoría de “mejor actor de reparto” fue la siguiente: Daniel Giménez Cacho, Gerardo Trejoluna, Dagoberto Gama y Luis Rodríguez. Los tres primeros son actores muy solventes con amplias trayectorias, mientras que Luis Rodríguez no es un profesional de la actuación. La inclusión de perfiles tan distintos entre los nominados me hace preguntarme por la definición de actuación sobre la que trabaja la Academia.

¿Qué es actuar? ¿Quién es un actor? ¿Actuar es una habilidad? ¿Actuar es causa o es efecto? ¿Alguien puede actuar sin saber que lo hace? ¿Actuar es la construcción de un personaje? ¿Es la construcción de un discurso?¿Qué tiene que ver lo que hace Giménez Cacho con lo que hace Luis Rodríguez? ¿Qué busca reconocer o incentivar la Academia cuando nomina a una persona? ¿De qué hablamos cuando hablamos de actuación?

No quiero que se confundan estas líneas con un reclamo a la Academia por haber nominado a éste o a aquel, ni con una defensa “sindical” de las “plazas” de mis respetados colegas. Al contrario, pocas cosas disfruto más, como espectador y como trabajador, que las películas con “actores no profesionales”. Los cineastas mexicanos a los que más admiro, han utilizado este procedimiento en mis películas favoritas. Sin embargo creo que lo que hace un actor profesional en una película, es diferente a la actividad que realiza un actor no profesional, son diferentes los medios y los fines. No mejores ni peores, pero si distintos.

Supongo, solo supongo, que la Academia realiza la siguiente distinción: las personas que observamos en las películas inscritas en la categoría de ficción están actuando y las personas que aparecen en las películas inscritas en la categoría de documental no están actuando.

El problema de la división anterior, la haga o no la Academia, es que define la acción de actuar en base a una categorización ajena a la actividad misma. Estaríamos definiendo el que hacer simplemente por la categoría en la que la productora, la directora o el programador decide inscribir la película.

¿Es posible que alguien no actúe en una película de ficción? ¿Existen casos en los que alguien actúe en un documental? ¿Existe alguna característica intrínseca a la actividad de actuar? ¿Qué hace que alguien esté actuando?

Bajo una definición más o menos “clásica” de actuación: responder a estímulos ficticios como si fueran verdaderos, Luis Rodríguez no estaría, en rigor, actuando. Su participación es una especie de entrevista en la que no escuchamos las preguntas, el único componente de ficción, que yo encuentro en su participación en la película, es que Luis tiene un hijo que en realidad no tiene. No interpreta a un personaje, no está en un contexto distinto del suyo y no realiza escenas que lo lleven a objetivos concretos: no responde a estímulos ficticios. Pero al mismo tiempo sí está en una situación extra cotidiana en la cual hay una cámara frente a él y en ocasiones tiene que repetir ciertas acciones. Sí está actuando, pero no bajo un esquema tradicional.

Una definición harto más incluyente sería decir: un actor es cualquier persona que aparezca en una película y que haya sido consciente de que es filmada. Pero en este caso las personas que aparecen en documentales también deberían ser elegibles al premio de mejor actor, y esto tengo entendido no es posible… aún.

Y aquí está lo que más me interesa del asunto, la indefinición que parece abrir esta situación ¿qué si y qué no debe ser reconocido como actuación? abre una segunda reflexión, más interesante, a mi parecer, y de mayor alcance:

¿Qué entendemos por ficción y qué por documental?

“Louis Althusser define la ideología como la representación imaginaria que se dan los hombres de sus condiciones reales de existencia”.

Nicolas Bourriaud

La frontera entre la ficción y el documental es cada vez más porosa. No soy un especialista ni mucho menos, pero creo que es una oportunidad para revisar la paradigmática relación entre ficción y documental, que a mi parecer, ha dejado de servirnos como marco referencial por la proliferación de películas y expresiones artísticas en general, que difuminan los límites entre ambas. El cisma entre ficción y documental ha dejado de tener la claridad y contundencia que tuvo otrora.

La distinción, entre ficción y documental, cobra importancia por la facultad que delegamos a una categoría para describir la realidad. La definición que subyace nuestra percepción sobre lo que pertenece al orden de lo real y lo que no, es una decisión política. La pretensión de muchos de los cineastas que construyen “ficciones” con actores no profesionales, a mi parecer, no es construir ficción, sino aproximarse a la realidad a través de las personas, no de sus personajes. El sentido tradicional de la ficción es desplazado y los procesos mediante los que se construye también. Bajo el apelativo de ficción, veo hoy en día a un grupo heterogéneo de películas, a las que cada vez se me dificulta más aglutinarlas en base a sus coincidencias. A la vez que está harto extendida la práctica entre muchos documentalistas de usar a las personas, para construir ”relatos” que se ajusten a las ideas que éstos tienen sobre la realidad.

La ficción es una posibilidad de la realidad que no se ha ejercido, toda ficción es una hipótesis. Un documental parte de una posibilidad ya ejercida de la realidad. Por lo anterior, no estoy diciendo que ficción y realidad son lo mismo, ni que documentales y ficciones son intercambiables. Estoy pensando, que esa tradicional (y tajante) taxonomía ha dejado de ser satisfactoria para enmarcar las múltiples construcciones que hoy en día podemos experimentar.

Me parece que la nominación de Luis Rodríguez es una oportunidad invaluable para re pensar ciertos conceptos que nos ayuden a leer lo que sucede en las pantallas: actuación, ficción y documental. Mi intención no es generar definiciones excluyentes, sino buscar la manera de pensar los distintos “modelos“ de actuación con los que los cineastas trabajan hoy en día. Tal vez con las definiciones que tenemos nos alcance, tal vez no. ¿No será que después de más de cien años Mellies y Lumiere deben dejar de organizar la ciudad? ¿No será que la unidad habitacional en la que vivimos debería tener más de dos torres gemelas?¿No serán necesarios otros marcos referenciales para mapear la producción artística?

De manera “personal”, pienso que lo que hace Luis en Los mejores temas tiene de actuación lo que la mayoría de los documentales tienen de ficción, es decir: mucho.

 

Gabino Rodríguez

PD. Quiero agradecer a Luisa Pardo que refutó todas y cada una de las ideas que están en este texto y me obligó a pensarlo muchas veces más.

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