Nunca juntos estuvimos tan solos
En el bosque es de noche. Todo es sonido de hierba y está oscuro. Una casa, una ventana iluminada y alrededor: la negrura.
La chimenea:
En su famoso experimento Kuleshov filmó un plano del rostro de un actor, después hizo una secuencia de imágenes en la cual “pegó” el mismo plano del rostro del actor con uno de: un plato de sopa, una mujer en un diván y una niña en un ataúd.
A través del montaje se evidenció la tendencia de leer planos yuxtapuestos como si fueran uno solo y a construir una narrativa causal entre los mismos. Los espectadores veían “hambre” en el rostro del actor cuando se yuxtaponía con el plato de sopa, “deseo” cuando se hacía lo mismo con la mujer y “dolor” cuando el mismo rostro se juntaba con el plano de la niña en el ataúd.
Lo que revela el experimento es que la atribución de significado a una imagen está en relación con la yuxtaposición de la misma y no necesariamente en lo que la imagen es en si. No necesariamente lo que el actor expresa, sino como se pone en relación lo que el actor expresa para que el espectador lo lea.
La casa:
Un actor es un cuerpo y un cuerpo es una historia. El actor en el cine está inmerso en un sistema complejo de interacciones. El actor es parte de algo, pero sin necesariamente entender lo que a su alrededor pasa o pasará, como perdido en el bosque se orienta a tientas sin estar seguro de a donde dirige sus pasos.
El campo de acción de un actor es el plano. Solo ahí puede tener control sobre lo que dice y lo que hace. Una secuencia compuesta de varios planos lo rebasa, el actor no escoge la manera de intercortar las tomas. Su responsabilidad es lo que suceda en el plano, ni más, ni menos.
La construcción del personaje y demás conceptos que normalmente asociamos a la actuación son actividades que no son sustantivas a la representación. El personaje no existe a priori, es una construcción del que ve y yuxtapone: el espectador.
Algunos pasamos mucho tiempo construyendo un “personaje” para la vida con el cual intentamos desenvolvernos en sociedad. Pero cuando uno hace el balance de los daños, se da cuenta de que las personas leen en nosotros cosas absolutamente distintas de las que buscamos proyectar, que lo que intentamos ocultar es más potente que lo que buscamos mostrar. Que no somos lo que imaginamos, que no sabemos que somos.
¿Por qué un personaje habría de ser distinto? ¿Si no sabemos quiénes somos por qué los personajes deberían saberlo? ¿Por qué construir como si entendiéramos?
Nosotros le prestamos al personaje un rostro es decir: una biografía. Lo demás son signos evidentes, ordenes al espectador, lugares comunes.
El bosque:
Los actores son posiblemente las personas más maravillosas que yo haya conocido jamás. Pero también somos como niños, nadie es tratado con tanto desprecio en un set de cine como los actores, se nos trata como a niños. Por eso se nos permite hacer berrinches, porque como a los niños chiquitos…
Menores de edad a perpetuidad repetimos palabras que otros escribieron y recibimos instrucciones de cómo deben ser dichas, en aras de un fin mayor que por lo general conocemos parcialmente o de plano desconocemos. Un actor, en el esquema tradicional de producción cinematográfica, siempre está sometido a los designios de alguien más, un actor es por naturaleza un ser que gusta de obedecer, aunque nos esforcemos por aparentar lo contrario.
El cine es una ciudad y los actores hemos preferido comportarnos como vasallos, con todas las comodidades que eso implica, a como ciudadanos, con todas las responsabilidades que habría que afrontar.
Uno reconoce oficio en los maravillosos actores y actrices que hay actualmente trabajando: talento, potencia, belleza. Pero es muy difícil encontrar una idea sobre la actuación en un actor de cine. Eso me interesa buscar.
La negrura:
“La creación se trata de ir más allá, de establecer nuevas fronteras.”
El cine es causa y efecto: es representación de la vida, aunque a la vez dicha representación es un modelo para vivir la vida. Cualquier representación de la realidad, así como surge de la vida se convierte en una manera de perpetuar una manera de vivir. Las representaciones, sobre todo el cine, condicionan nuestras maneras de afrontar la vida, se convierten en nuestra forma de conocer y aproximarnos a situaciones que no hemos vivido aun.
Muchos de nosotros al dar nuestro primer beso, ya sabíamos lo que teníamos que sentir, porque habíamos visto infinidad de representaciones de un primer beso. Y así con muchas cosas, con casi todas las cosas. Construimos nuestra sensibilidad en base a las representaciones que consumimos. Y pienso que si nuestras representaciones fueran diferentes, sentiríamos el mundo distinto y que a partir de sentir distinto, lo pensaríamos de otra manera y podríamos buscar vivir diferente, mejor. Personalmente pienso que de eso se trata, de fracturar los modelos mediante los cuales sentimos el mundo. Ampliar los moldes y dar espacio a lo diferente, a lo inédito y a lo desconocido.
Hay que buscar hacer las cosas de otras maneras, dejar de pretender conocer lo que no conocemos, comportarnos como mayores de edad y aceptar que existe la posibilidad de fracasar.
¿Cómo realizar esto en el cine? ¿Cómo hacer esto después de Kuleshov?
Un bosque y una casa. Adentro de la casa hay una luz, pero la casa es pequeña comparada con el bosque, con la noche y con la oscuridad.
Gabino Rodríguez.
Este texto fue escrito para el FANZINE, por invitación de Mariano Rocha.