¿Por qué terminó
la tormenta que parecía
que iba a durar
para siempre?
La revelación.
El relámpago de la juventud se apagó
justo cuando te escribía una carta
que no te mandé. La carta era imperial:
hablaba de un tanque australiano
donde nos habíamos bañado un verano
y de las flores blancas y amarillas
de unos nenúfares que se enredaban en tu pelo
y volaban como si fueran marionetas de mariposas
cada vez que vos movías la cabeza
para sacártelas de encima
– y no se iban, ¿por qué te escribí?
¿por qué terminó la tormenta
que parecía que iba a durar para siempre?
¿Por qué una cosa sucedió mientras sucedía la otra?
Envejecí escribiéndote una carta.
Cuyo objeto era retratarte como fuiste una vez
y por cada célula tuya que yo lograba inmortalizar
se moría una mia, una mia se moría, se moría.
Martín Prieto.
