Un día en nuestra juventud es suficiente
para comprender que nunca hemos sido jóvenes.
Pero qué importa lo que pase
si de cualquier cosa somos capaces de hablar,
si todo lo transformamos para seguir juntos.
Cuando tú hablas sólo hay imágenes
y cuando hay imágenes sólo pienso
en qué pensarás de ellas, y de nosotros.
Pienso en lo que dirás después
y en lo que no dirás nunca.
Este movimiento que hago hacia ti,
hacia tu vida, vamos a perderlo,
¿lo comprendes?
Es tarde, pero tenía que decírtelo,
no estoy preparado para ser un movimiento,
para ser parte de una imagen
en la que estás tú.
Somos un tiempo nuevo en una casa antigua.
La tierra gira pero nosotros
somos el único movimiento
que merece la pena detener.
Nuestra belleza es la de un movimiento
imposible de demostrar.
Pablo Fidalgo Lareo.